Desde el descubrimiento de Thales de Millet hace 2600 años, donde el ámbar frotado con la ayuda de un tejido producía la electricidad, las máquinas eléctricas fueron apareciendo una tras otra según el interés de la ciencia y el gusto de la época. Sin embargo, durante cerca de 2000 años después del descubrimiento de Thales, la electricidad verdaderamente no interesaba del todo a las personas.
Fue sólo en el año de 1600 que las innovaciones reaparecen, con los trabajos de William Gilbert, médico personal de reina Elizabeth I. Este científico descubrió que otros materiales frotados podrían también tener por resultado la atracción de cuerpos ligeros. Enseguida tuvimos períodos donde las innovaciones eran más fructíferas particularmente cuando la ciencia se había convertido en un medio de diversión (siglo XVIII).
Presenciamos entonces la creación de máquinas que venían de Europa y los Estados Unidos. El primer motor rotativo a corriente continua fue inventado por el físico y matemático Peter Barlow en 1828. Su invención "la rueda de Barlow" (o llamado "motor de Faraday") tuvo un éxito gracias a su sencillez y de una intensidad más fuerte. Pero este motor no era capaz de ser utilizado a nivel industrial. Habrá que esperar hasta el año 1705 para que Thomás Newcomen conciba la primera máquina a uso realmente industrial.